De un viaje en el Argos
Jasón. Hércules. Teseo. Laertes. Meleagro. Cástor y Pólux, los Dioscuros. Sé que todos me observan. La única mujer en cubierta. La única mujer en un barco de hombres. Soy tan buena como ellos, o incluso mejor. No podrían derrotarme en una carrera justa. Y sin embargo, soy mujer. Aunque sea cazadora, aunque lleve mi arco y mis flechas en la aljaba. Una osa me cuidó, y Artemisa fue mi madre cuando no tenía ninguna. Y a ella me consagré, hasta que los hados cambien el hilo de mi vida.
Siempre confié en mi fuerza. Supongo que por ese motivo me miran con recelo. Una mujer griega, cazadora y virgen. Independiente. Luchadora. No están acostumbrados a eso. Les fascino, sí.
Hace unos días, en la cacería en la que clavé mi certera flecha en la fiera de Caledonia, cuando mi caballo y yo volábamos con el viento a su encuentro, oí a Meleagro murmurar, observándome... ¿cómo puede al mismo tiempo ser fuerte y dulce?
Mis ojos brillan ahora contemplando el mar. Aunque no me acepten como uno de ellos, aunque sólo consigan verme con la mirada del deseo, no soy una mujer que se rinda. Este es mi viaje.

<< Home