Atalanta.

Crónicas de una heroína en tiempos de héroes

miércoles, mayo 19, 2004

De manzanas y diosas

Género Malus. Redondeada, de piel suave, amarilla, verde o rojiza. Tentadora. Dulce, muy dulce, o muy ácida...

Manzanas. Fueron tres, tres manzanas doradas las que me perdieron. Yo, que nunca fui vencida en carrera alguna, fui tentada por tres frutas brillantes para ser entregada al hijo de Poseidón.
Tres manzanas, tres diosas. Atenea, me diste tu sabiduría. Artemisa, fuiste mi madre y mi guía. Afrodita, me hiciste renunciar a mis votos...
Fui guerrera y cazadora, fui amazona a lomos de un corcel, mis saetas volaron prestas al encuentro de la presa, y nadie alcanzaba a rozar mi cuerpo en una carrera a cielo o mar abierto. Sigo siendo todo eso. Perdí mi corazón, perdí mis votos por las diosas, pero no perdí mi fuerza ni mi coraje.
Como las manzanas, convertí acidez en dulzura, valor en pasión... Y mi sangre se pierde entre sus fibras al morderlas, una y otra vez, mezclando mi vida con la suya.

Una manzana perdió también a Eva, primera mujer de las religiones patriarcales. Pero ésta no fue la manzana del amor, sino la manzana del conocimiento, la fruta prohibida, del Árbol del Bien y del Mal, la fruta del discernimiento. Y así ese conocimiento, que adquirió la primera, la convirtió en la tentadora, en la segunda Lilith para los hombres. Y años atrás, nuestra Eva mitocondrial, nuestra Eva negra, recorría el valle del Rift en el África profunda, dejando sus huellas marcadas para generaciones venideras, que la nombrarían en un cielo de diamantes, Lucy. Australopithecus afarensis, paseando con su familia por Olduvai, hace millares de años. Nuestra madre genética. Delicadas hebras de la hélice mágica en minúsculos sacos de respiración que recibimos a lo largo de nuestra línea materna desde el inicio de los tiempos, transformadores de oxígeno de veneno a aliento de vida.

Eras de los hombres más tarde, se seguía honrando a la madre en Ynis Witrin, Emhain Avallach, la Isla de Cristal, la Isla de las Manzanas, Avalon de los druidas, perdida entre las brumas en mor del Glastonbury Tor, de la abadía cristiana. Viviane, Dama del Lago, suma sacerdotisa, descendiente de la unión de la serpiente celta y el águila romana en la época de los emperadores. Donde la Diosa se mantiene en comunión con el Astado, Cernunnos del los bosques. Donde Uther Pendragón engendró a Arturo en la línea sagrada de Ygraine. Glastonbury, cuentan que alzada benedictina sobre las ruinas de la primera iglesia cristiana de las islas, construida por José de Arimatea, posiblemente reposo del Santo Grial, del Sangreal durante algunas estaciones. El cáliz sagrado que recogió la sangre del pescador de hombres. Copa que ansió y desea la Iglesia, y Roma, todavía.

Curiosamente, una de las múltiples variedades de manzanas es conocida como Rome Beauty. De piel rojo brillante, jugosa, dulce y crujiente, con carne blanca salpicada de rojo, ideal en repostería. Brillante como un rubí.

martes, mayo 18, 2004

De un viaje en el Argos

Jasón. Hércules. Teseo. Laertes. Meleagro. Cástor y Pólux, los Dioscuros. Sé que todos me observan. La única mujer en cubierta. La única mujer en un barco de hombres. Soy tan buena como ellos, o incluso mejor. No podrían derrotarme en una carrera justa. Y sin embargo, soy mujer. Aunque sea cazadora, aunque lleve mi arco y mis flechas en la aljaba. Una osa me cuidó, y Artemisa fue mi madre cuando no tenía ninguna. Y a ella me consagré, hasta que los hados cambien el hilo de mi vida.

Siempre confié en mi fuerza. Supongo que por ese motivo me miran con recelo. Una mujer griega, cazadora y virgen. Independiente. Luchadora. No están acostumbrados a eso. Les fascino, sí.
Hace unos días, en la cacería en la que clavé mi certera flecha en la fiera de Caledonia, cuando mi caballo y yo volábamos con el viento a su encuentro, oí a Meleagro murmurar, observándome... ¿cómo puede al mismo tiempo ser fuerte y dulce?
Mis ojos brillan ahora contemplando el mar. Aunque no me acepten como uno de ellos, aunque sólo consigan verme con la mirada del deseo, no soy una mujer que se rinda. Este es mi viaje.